domingo, 26 de abril de 2009

La quiebra de España S.A.

Alguna vez ya he comentado que hace años viví en primera persona la descomposición de una reputada empresa téxtil valenciana la cual tras un agónico proceso de suspensión de pagos se vió abocada a la liquidación definitiva el pasado año.

Los paralelismos de aquella empresa con nuestra situación económica general podían ser muchos: ausencia de reconocimiento del problema esencial (El modelo de negocio ya no funcionaba) , falta de una estrategia de salida, lentitud en la toma de decisiones, situaciones financieras ficticias (Recuerdo que había stocks valorados en millones de Euros cuyo valor de mercado era muy cercano a cero), etc... pero no es eso de lo que pensaba hablar sino de cual debería ser, para mí, el modelo de negociación social para frenar la debacle.

Cuando una empresa entra en suspensión de pagos, basicamente no puede hacer frente a las deudas de sus acreedores que, frente a los administradores nombrados bajo el amparo del proceso concursal, se reunen entre todos y pactan una refinanciación de la deuda con la empresa. Y aquí se inicia el proceso de las célebres "quitas" donde los principales acreedores van renunciando a cierta parte de la deuda con el fin de poder garantizar un pago aunque sea parcial de la misma y posibilitar que la empresa continue con su actividad de forma saneada y se pueda seguir trabajando con ella.

Estas "quitas" deben ser el vector que impulsara las reivindicaciones de los distintos actores sociales así como la negociación entre los mismos, es decir: Gobierno, Bancos, diversos sindicatos y patronales sectoriales. Estas actitudes absolutistas de no vamos a ceder un paso atrás en la lucha de nuestros intereses, que como declaración de intenciones de cara a la galería me parecen comprensibles, no nos van a llevar a ningún sitio, bueno, sí, matizo no nos van a llevar a ningún buen sitio.

Ante una quiebra tan brutal de nuestro modelo económico de poco sirve cargarse de razón y quejarse, creo que esto ya se ha hecho lo suficiente. No pueden ir todos los actores sociales a reclamar ante la caja del Estado con un maximalista "Que hay de lo mío?" No voy a ponerme ridículo invocando a Kennedy con "¿Que puedes hacer por tu país?" pero es evidente que sería un espíritu a reivindicar. Una sucesión de gestos que nos permitieran, entre todos, frenar el déficit del estado, maximizar el estímulo fiscal y propiciar una recuperación de la actividad sería francamente muy bienvenida.

Me gustaría ver a los sindicatos ofreciendo congelaciones salariales sectoriales, a los sindicatos de los trabajadores públicos -- sobretodo los del INEM -- ofreciéndose a trabajar una hora gratis a la semana, a los bancos ofreciendóse a reestructurar las deudas de los morosos y siendo transparentes sobre sus activos, a los pensionistas rechazando temporalmente los aumentos de sus pensiones, a los empresarios ofreciendo convenios de mantenimiento de plantillas con contrapartidas de productividad, al Gobierno llevando una política activa y racional de inversión pública y a la Oposición arrimando el hombro y permitiendo aunque sea temporalmente un liderazgo nítido.

Pero este último parrafo me consta que está fuera totalmente de la realidad española y si me apuran de la mundial. La atomización, el individualismo y corporativismo socioeconómico a ultranza de las últimas décadas (Para otras gilipolleces como el futbol o las guerras sí que surge a veces un manipulable patriotismo) nos han llevado a este descarnado paisaje donde no es posible ejercer ninguna acción política que vaya en contra de los intereses inmediatos de uno mismo. Y que conste que cuando digo esto me refiero a todos los estratos: políticos, empresarios, trabajadores, funcionarios, pensionistas, etc...

Cuando desgraciadamente descubrí a David Foster Wallace a causa de su muerte, me apresuré a leer alguno de sus libros como "Hablemos de langostas". Uno de los capítulos del libro está dedicado al ex-candidato Republicano John McCain sobre el cual hacía un curioso retrato en el que se destilaba cierta admiración por el personaje, la cual sorprendía hasta al propio autor. Y ahora más que nunca comparto la fascinación y obsesión del difunto Wallace con una idea que siempre McCain resaltaba en sus discursos: "Inspirar a los jóvenes americanos para que se entreguen a causas más elevadas que su interés personal". (El pobre McCain imagino que hablaba de los jóvenes por simpatizar con sus votantes de mayor edad pero todos sabemos que se refería a toda la ciudadanía en general.) Encontrar ese clic que despierte la acción colectiva en pos de un objetivo superior es posiblemente nuestro mayor reto como sociedad . Esperemos que dicho catalizador no tenga que ser ninguna agudización catastrófica de la crisis.


3 comentarios:

ricardo dijo...

Puff, me parece muy utópico lo que cuentas (y veo que admites que está fuera de la realidad en el mundo).

El problema del ser humano es que muere, y por tanto la Historia se olvida a sí misma aunque quede escrita. Es decir, no aprendemos como Humanidad. Y aprender a ser como tú comentas cuesta muchísimo trabajo y dinero.

No sé, creo que sería muy bonito, pero sinceramante me parece imposible, salvo en situaciones puntuales, y quizá en situaciones de altísimo interés público como la destrucción inminente del planeta.

Paolo2000 dijo...

Ricardo, ¿ se ha leido el comic Watchmen? Entronca directamente con lo que usted comenta. Le gustará...

ricardo dijo...

mmm, déjame que piense... Sólo he visto la pelicula y recuerdo vagamente algún cómic que me leí hace muchos años.

Creo que te refieres a que todos los paises se ponen de acuerdo cuando el planeta se va al carajo. Si, lo malo es que una destrucción tan rápida es altamente improbable que ocurra, lo que entronca con lo que mencionaba antes: vivimos poco y somos incapaces de percibir (de sentir) los procesos lentos (pero eficaces) que ocurren delante de nuestras narices y pueden terminar con nosotros de un plumazo (en escala geológica).

El refran ese de "de aquí a cien años todos calvos (muertos)" tiene bastante enjundia.